18 de enero de 2013

Time in a bottle

Últimamente he venido sintiéndome estúpida por ser tan diplomática (y tonta) con gente que, al menos últimamente, no ha hecho muchos méritos para recibir lo mejor de mí. Desde niña me han inculcado buenos valores sin esperar nada a cambio, aunque a veces me resulta inevitable no esperar y enfadarme por no recibir. 

Sin embargo, esta semana me he dado cuenta de lo contrario, de cómo a veces no soy consciente del daño que hago sin querer a quien no lo merece o a quien pasa un mal momento y necesita alguien con quien contar. Quizás las frustraciones con unos las he pagado con quien no debía.

Hasta que no ha acabado el martirio que sufría una persona muy cercana a mí no me he dado cuenta de todo lo que podría haber hecho por ella y no he hecho, de las veces que podría haber dejado mi orgullo y mi egoísmo de lado, para reconfortarle como sé que podría haber hecho. 

A pesar de todo, ahora que lo peor ya ha pasado, me agradece "toda la paciencia y el ánimo que le he dado" que, en cierto modo así ha sido, pero sé que podría haber dado más de mí, haber ayudado a que todo su proceso hasta hoy hubiera sido mucho más llevadero.

Me voy a dormir con la predisposición a compensar a partir de ahora todos esos malos tragos que hubieran sido totalmente prescindibles si me hubiera parado a pensar un poco antes. Como es habitual, lo hago a partir de una canción.

Sed buenos, que no tontos.

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