4 de octubre de 2011

El dios de la luz eléctrica

Siempre me ha gustado imaginar a Dios como un ser de andar por casa, gordinflón y algo borrachín, de mejillas sonrojadas que cuenta, entre el vino y el cantar, las peripecias de otros pecadores, obviando así su secreto profesional. Un tipo cachondo, vaya. Bueno, cachondo pero también cabrón. ¡A saber qué irá diciendo de mí por ahí!

Es por ello que desde que escuché esta canción, tuve mi propia revelación y supe a partir de entonces que Lapido sería mi amigo para siempre. Sacó nuevo disco no hace mucho, pero hoy escojo esta de su primer álbum.
«Siempre creí que el cielo era el nombre de un bar,
con música para bailar y sillones de terciopelo»


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